Pasear por horas revisando libros en la Feria del libro Infantil y juvenil y comprar uno.
Recoger conchitas a la orilla de la playa.
Meter la mano en un cesto lleno de semillas pequeñas.
Escuchar a los grillos acostada en la cama con la luz apagada.
Usar sábanas y pijama de franela en una noche de intenso frío.
Comerme un plátano con queso mientras escucho el concierto de la OFUNAM.
Manejar en carretera escuchando mi música preferida.
Abrazar un ocote mientras el viento acaricia mi rostro.
Caminar por el bosque acompañada de luciérnagas.
Observar a los niños jugar en su recreo.
Dibujar abstractos escuchando música clásica.
Leer un cuento a un público infantil.
Hacer Tai Chi en un parque con mujeres mayores.
Cantar Mantrams en un grupo de meditación.
Caminar en silencio con las manos atrás.
Contemplar una fogata a la luz de las estrellas.
Sonreirle a mis hijos cada vez que nos miramos.
Bucear en el mar antes del atadecer.
Bailar y cantar en una fiesta familiar.
Escuchar un poema leído por su autor.
Imaginar historias mirando a los viajeros en el aereopuerto o en la terminal de autobuses.
Recoger colorines, ocoxal, piedras y frutas regalo de la tierra.
Acostarme en el pasto y mirar a las nubes.
Subirme al metro, caminar por el centro y perderme entre la gente.
Entrar a una papelería y pasear por los pasillos.
Comer la tapioca de mi tía Ade.
Ayudar a alguien cuando lo necesita.
Ir a exposiciones de arte.
Ver videos de la vida animal.
Leer biografías.
Escuchar.
Mirar.
Acompañar...
Y más, mucho más.

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